🧒 Uno de los mayores regalos que podemos ofrecer a las personas menores es enseñarles a nombrar correctamente su cuerpo. Utilizar palabras como pene, vulva, vagina, testículos, pechos o ano no solo amplía su vocabulario, sino que favorece una relación sana con su cuerpo y contribuye a su protección y bienestar. 💛 La educación sexual comienza mucho antes de hablar de relaciones sexuales: empieza cuando enseñamos que todas las partes del cuerpo tienen un nombre y merecen el mismo respeto.
🗣️ Con frecuencia, las personas adultas recurrimos a diminutivos o nombres inventados (“pito”, “culete”, “chichi”, “cosita”…). Aunque puedan parecer expresiones cariñosas, también pueden transmitir el mensaje de que algunas partes del cuerpo son diferentes, vergonzosas o no pueden nombrarse con naturalidad. Cuando utilizamos el vocabulario correcto, ayudamos a que, desde la infancia, se comprenda que los genitales son una parte más del cuerpo, igual que las manos, los ojos o los dedos de los pies.
🛡️ Además, conocer el nombre de los genitales tiene un importante valor preventivo. Una persona menor que sabe identificar y nombrar las distintas partes de su cuerpo puede expresar con mayor claridad molestias, dudas o situaciones que le hagan sentir incómoda. También facilita que las personas adultas que la cuidan comprendan mejor lo que quiere comunicar y reduce la confusión ante posibles situaciones de riesgo. La prevención también consiste en dotar a la infancia de herramientas para conocerse, expresar lo que siente y pedir ayuda cuando lo necesite.
💬 Hablar con naturalidad también implica responder a sus preguntas de forma sencilla, adaptada a su edad y sin ridiculizar su curiosidad. Si una persona menor nos pregunta “¿qué es la vulva?” o “¿por qué los niños tienen pene y las niñas no?”, conviene recordar que está aprendiendo sobre el mundo, igual que cuando pregunta por el corazón o los pulmones. Su curiosidad no debe interpretarse como un comportamiento sexualizado, sino como una oportunidad educativa. 🌱
💚 Nombrar correctamente el cuerpo también favorece el desarrollo de una autoestima positiva. Cuando niños y niñas aprenden que todas las partes de su cuerpo son importantes y dignas de respeto, se contribuye a construir una imagen corporal saludable y a desarrollar una mayor capacidad para establecer límites y respetar los de otras personas. La educación sexual integral promueve precisamente ese conocimiento del propio cuerpo, el respeto, la autonomía y el bienestar emocional como pilares de un desarrollo saludable.
✨ En definitiva, llamar a las cosas por su nombre es una forma de educar desde la confianza, el respeto y la naturalidad. Las palabras que utilizamos en casa contribuyen a construir la manera en que las personas menores perciben su cuerpo, expresan sus emociones y buscan apoyo cuando lo necesitan. Hablar con claridad hoy puede convertirse mañana en una herramienta fundamental para su bienestar, su autonomía y su protección.
🤔 Por ello, podemos detenernos a reflexionar sobre algunas preguntas:
❓ ¿Cómo podemos ofrecer a la infancia el lenguaje que necesita para conocerse, cuidar su cuerpo y pedir ayuda cuando lo necesite?
❓ Y, después de enseñar el nombre correcto de todas las partes de su cuerpo, ¿por qué algunas siguen siendo tan difíciles de nombrar?
Técnico de familia
Daniel Rodríguez
