Cuando hablamos de crianza y educación, uno de los retos y de las funciones determinantes de las familias es acompañar el desarrollo de la autoestima de una persona menor 🌱.
La autoestima, entendida como el sentimiento de aprecio o de rechazo que acompaña a la valoración general que hacemos de nosotros mismos 💭, no surge de la nada. Tampoco se hereda ni nos viene determinada al nacer. Al contrario, se construye a partir de las experiencias vitales, del día a día, del trato recibido y de los mensajes que se transmiten no solo en casa, sino en otros contextos (escuela, barrio, redes sociales, etc.) 🏫🌍.
Es frecuente confundir la “buena” autoestima con la seguridad, la ausencia de dudas, de dolor o malestar, o con una confianza desmedida. Sin embargo, una autoestima ajustada y eficaz es mucho más que sentirse bien consigo misma todo el tiempo 💪. Implica reconocer las propias capacidades y aceptar las limitaciones, sin excesiva vergüenza ni orgullo ⚖️. Es un equilibrio entre saber la valía personal y saber lo que aún se puede aprender (dado que las personas somos imperfectas, siempre hay cosas por aprender).
A continuación, compartimos 4 reflexiones que pudieran ser de ayuda para favorecer una autoestima ajustada en las personas menores 💡:
1. Validar sin sobreproteger/sustituir 🤝
Con validar nos referimos al acto de reconocer, aceptar, aprobar, etc. las emociones de otra persona, mediante palabras (“entiendo cómo te sientes”, “es normal esto que sientes”, etc.) o comunicación no verbal (un abrazo, un gesto de asentimiento 🤗).
Pero validar no significa resolver por ellas, sino acompañar: “entiendo que estés enfadada”, “es normal que te haya dolido perder”. Este tipo de respuestas enseña que sentirse mal es parte de la vida y que pueden gestionar sus emociones. Querer evitar el sufrimiento de las personas es natural ❤️, pero aunque es natural querer evitarlo, creemos que es conveniente recordar que es un imposible, puesto que el sufrimiento forma parte de nuestra experiencia vital.
En la medida que asumimos la tarea imposible de evitar todo sufrimiento a la persona que queremos, se le impide experimentar plenamente frustraciones o errores, y por tanto se limita su capacidad para enfrentarse a la realidad.
2. Valorar el esfuerzo más que el resultado 🏆
Cuando se elogia solo el éxito (“qué buena nota”, “qué bien lo haces siempre”), se corre el riesgo de que la autoestima dependa del rendimiento. En cambio, reconocer el proceso (“te esforzaste mucho”, “seguiste intentándolo aunque era difícil”) ayuda a que aprendan a valorar la constancia y el aprendizaje, no solo el resultado final 💪📘.
En el primer caso favorecemos una motivación extrínseca (más relacionada con la presión social, recompensa o castigo). En el segundo, una motivación intrínseca (más relacionada con la curiosidad, satisfacción y disfrute ✨).
3. Fomentar la autonomía 🌿
Confiar en que las personas menores pueden hacer cosas por sí mismas —aunque se equivoquen— fortalece su sentido de competencia. Permitirles tomar pequeñas decisiones o resolver sus propios retos les ayuda a sentirse capaces y responsables de su propio crecimiento.
4. Ser ejemplo de autocuidado y respeto 💖
Las personas adultas son el primer modelo de autoestima para quienes están creciendo. Si quienes cuidan se juzgan con dureza o se exigen sin descanso, transmiten el mensaje de que el valor personal depende de no fallar.
Mostrar cuidado personal y límites saludables enseña a quererse de forma realista.
Si te interesa seguir profundizando en cómo se construye la autoestima en las personas menores (y mayores), te invitamos a investigar y descubrir bibliografía sobre este tema 📚.
Por poner un ejemplo de los muchos que hay, sugerimos a un autor: Luis Rojas Marcos, psiquiatra 🧠.
Daniel Rodríguez
Técnico de familia

